domingo, 24 de julio de 2011

Lo más sorprendente de los monumentos es que no los vemos



El viaje de estos días es una especie de parapente que se eleva dando brincos. Hace unos días me encontraba entrando y saliendo de lugares llenos de música y gente, ruido y alcohol adulterado. Estaba en la ciudad de los wachos, como le dicen en el sureste a los chilangos. La ciudad de México es siempre un balcón repleto hacia la calle. En un lugar como ese, los monumentos son construidos como imanes. La gente se acerca, los recorren, los fotografían, vuelven a ellos cuando recuerdan la ciudad.


Hay una vieja carretera entre Campeche y Yucatán, que es también todo un monumento. La verdad es que se trata de una carretera llena de baches, de grandes rectas y paisajes rojos. Me ha tocado ver a niños de los pueblos cercanos marchando y practicando sus desfiles sobre la carretera, sin problemas. Casi no pasan autos por ahí. Muchos menonitas, provenientes del norte de Alemania, han desarrollado grandísimos ranchos, preciosos, donde cultivan tomates, frutas, producen leche, queso y comercian con ganado por toda la región. Son muy pacíficos y les gusta este lugar, llamado Los Chenes, que en maya significa Los Pozos. Los menonitas se llevan muy bien con los mayas, no les llaman “indios” -como en otros lados- e identifican a unos y a otros. Por ejemplo: Un dzul es un señor blanco y con medios económicos; es diferente al catrín, que es más “elegante” y se viste con ropa occidental; un mestizo, por el contrario, usa ropa tradicional maya y, además, habla la lengua maya; un mayero habla también el maya, sin importar cómo se vista; pero es distinto al masewal, que habla maya pero es pobre, porque vive y trabaja en el campo, es un campesino; un wits es un maya descendiente de los protagonistas de la Guerra de Castas que viven en el centro de Quintana Roo, es como un migrante; un wach es una persona proveniente del centro de México... Todos somos diferentes en esta región, como en todos lados, como en México o Berlín. A mí me dirían campewach, por ser campechano y vivir en el D.F.


Hoy es domingo, atravieso un territorio formidable, llueve. Paso por uno de esos ranchos menonitas muy verdes, lleno de pastizales y cultivos perfectos, en medio de una gran tierra roja de kankab. Muchos niños rubios caminan por la orilla de la carretera. Me acerco a Campeche y podría estar en cualquier otra parte.

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